La salida de Ford complica aún más la golpeada industria automotriz brasileña

La ida de la automotriz es una señal de alarma. La falta de inversiones, las débiles ventas y los costos burocráticos convierten al sector en insostenible.

Fuente: Bryan Harris. Financial Times. Traducción Mariana Oriolo.

Rui Costa no pudo ocultar su enojo cuando Ford anunció el cierre de sus fábricas en Brasil, incluso en su Bahía natal, donde miles de personas trabajan en la automotriz estadounidense.

«Brasil está obstinada en convertirse en una gran granja», dijo el gobernador de este vasto estado del litoral nordeste. «¿Qué hemos planificado en los últimos cinco años para elevar la inversión en tecnología e industrialización? Nada».

Los comentarios de Costa reflejan la profunda preocupación que siente la industria automotriz brasileña desde que Ford anunció su salida en enero tras haber producido durante más de un siglo en el país.

Debido a la falta de inversiones adecuadas, las ventas débiles y a los elevados costos burocráticos, la producción de autos en Brasil es cada vez más insostenible

Los ejecutivos de la industria automotriz tratan de mostrar una visión optimista. Hacen hincapié en el enorme potencial del mercado brasileño, la variedad de productos nuevos que se ofrecen e incluso un lado positivo de la pandemia de coronavirus: que alentó a más personas a recurrir al transporte privado.

Pero para muchos observadores independientes, los factores estructurales indican -salvo que haya un rápido giro económico en la mayor economía de América latina- que la suerte está echada, especialmente ahora que la administración de Jair Bolsonaro empieza a desarmar antiguos subsidios que representan miles de millones de dólares.

«Llega un momento en que si uno suma todas las limitaciones, todas las regulaciones, los vientos en contra, termina viendo una situación que ya no es manejable. Los países y las regiones quieren una industria automotriz, o no la quieren», dijo Carlos Tavares, director general de Stellantis, la recién fusionada Fiat Chrysler y PSA. Y agregó que la retirada de Ford es «una luz de alarma» para el gobierno brasileño.

João Henrique Oliveira, ejecutivo de Volvo en Brasil y presidente de una asociación de importadores de automóviles, lo expresó con más crudeza: «[La salida de Ford] muestra realmente que el clima de negocios en Brasil es muy difícil, incluso hostil. Podríamos ver a otras marcas tomar la misma decisión».

Sin fabricantes nacionales, la producción automotriz en Brasil durante décadas estuvo dominada por compañías occidentales y japonesas. En los últimos años, las compañías chinas se abrieron paso y muchos sospechan que grupos como Chery podrían hacer una oferta para quedarse con las plantas de Ford.

El sector, sin embargo, no se ha recuperado del todo de la fuerte recesión que sufrió en 2015 y 2016, golpeado por el alto desempleo y la debilidad del tipo de cambio que encareció exorbitantemente los componentes importados.

«Las marcas en Brasil atraviesan una situación financiera muy mala. Las fábricas en Brasil están funcionando al 50% de su capacidad instalada, lo que es muy poco», dijo Oliveira.

La salida de Ford se produce después de otros recortes en el sector. Mercedes informó en diciembre que cerrará una planta de producción, mientras que Volkswagen despidió el año pasado a 1300 empleados en San Pablo.

El débil desempeño del mayor mercado de América latina se produce mientras en todo el mundo el sector automotriz se está reestructurando. En este escenario en que las compañías se concentran en Asia y se da un giro hacia los vehículos eléctricos y autónomos, Brasil se va a quedar atrás, opinan algunos analistas.

«La reestructuración global es un factor mucho más importante [en el peligro que corre la industria automotriz brasileña]», dijo André Roncaglia, profesor de economía y experto en el sector de la Universidad Federal de São Paulo. «Con el paso a los autos eléctricos y autónomos, toda la atención está puesta en Asia y eso deja a Brasil en una posición vulnerable».

«No tenemos la capacidad de ponernos al día con este movimiento y, como sistema, no creo que estemos preparados ni siquiera para avanzar en esa dirección sin cambios profundos en los actuales programas de apoyo ofrecidos a la industria».

Pero el país también tiene que lidiar con problemas internos de larga data, en particular el Custo Brasil – el costo adicional que implica hacer negocios en una economía históricamente cerrada y plagada de engorrosas normas burocráticas, logísticas y tributarias.

«El Custo Brasil siempre hace que los negocios sean una ecuación delicada», señaló Oliveira, señalando que Volvo emplea cuatro veces más personas para lidiar con las laberínticas normas tributarias del país que en Europa.

«Es un sistema [tributario] que genera controversias e inseguridad jurídica. Por más que sepas que estás tratando de hacerlo de la forma más correcta, igual seguís estando sujeto a cuestionamientos y riesgos.»

Desde su elección, Bolsonaro prometió revisar el régimen impositivo pero hizo muy poco. Sin embargo, el gobierno tomó medidas para reducir los subsidios a los autos que, según los críticos, apuntalaban a las empresas no competitivas sin que ello se tradujera en precios más bajos para los consumidores.

Cuando Ford anunció que se iba, el presidente de Brasil acusó a la empresa estadounidense de sólo «querer subsidios».

Leticia Costa, consultora automotriz del grupo de inversión Prada Assessoria, señaló que la automotriz es una industria con «potencial para generarle a Brasil grandes avances económicos y de innovación. Pero recibe beneficios que, en general, están mal diseñados».

Sin embargo, las perspectivas para el sector automotriz del país no son del todo desoladoras.

Los ejecutivos sostienen que son «cautelosamente optimistas» en cuanto a este año. Ven que el mercado está impulsado por «productos atractivos» y por las tasas de interés históricamente bajas de Brasil, que según las compañías animan a los consumidores a comprar autos en lugar de ahorrar.

«La recuperación del año pasado fue más rápida de lo que esperábamos y en el último trimestre el resultado de las ventas fue similar al de 2019. Esperamos que las ventas sigan recuperándose este año», dijo un ejecutivo de General Motors, cuyo auto subcompacto Onix es el más vendido de Brasil de los últimos seis años.

El grupo está haciendo una inversión de u$s 2000 millones en San Pablo centrada en nuevos productos y nuevas tecnologías de seguridad y conectividad.

Volkswagen también se muestra optimista, y su jefe para Latinoamérica ha declarado a los medios de comunicación locales que la compañía espera un crecimiento de entre 10% y 12% en Brasil este año.

Tavares comentó que a Fiat Chrysler también le está «yendo excelente en América latina», con buenas ganancias. Pero advirtió que Brasil sigue siendo frágil. «No podemos seguir sumando limitaciones. Llegará un momento en que ya no será manejable».

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