Un preocupante derrumbe y las señales de recuperación de la industria automotriz

Fuente. Dinero en Imagen. Por Auxel Rubio y Miguel León

CIUDAD DE MÉXICO.- Las previsiones sobre la caída para la segunda mayor economía de América Latina han comenzado a tomar forma. El mundo se vio constreñido de repente y cuando despertamos teníamos a nuestras puertas los comienzos de una recesión que competiría con las mayores contracciones económicas de la historia.

En momentos como este, cuando los indicadores a los que estamos habituados pierden parte de su valiosa aportación, es necesario seguir el comportamiento de otros indicadores. En el caso de México, la industria automotriz nos ayuda a vislumbrar el comportamiento de la economía en general durante esta gran pandemia, la cual se encuentra enfrascada en una dinámica dada por el ciclo en su inventario, donde las ventas se han aplanado y la producción se paraliza.

De este modo, las cifras para agosto, por parte de Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), nos dicen mucho. Las ventas de automóviles nuevos cumplieron durante ese mes seis meses consecutivos a la baja en comparativa anual, alcanzando una contracción de 28.7 por ciento, con 77, 092 unidades vendidas. Eso significa una mejora respecto a la contracción registrada en julio, de 31.3 por ciento, y el desplome récord visto en abril, de 64.5 por ciento.

Desde finales del mes de mayo, cuando las plantas de producción automotriz pudieron retomar su marcha tras la declaratoria de sector como esencial, el comportamiento de las ventas se ha venido recuperando aunque el ritmo se ha aplanado, presentando una satisfacción de la demanda acumulada durante el confinamiento.

De igual forma, la producción se mantiene estancada luego del gran apagón que significo la paralización en el periodo de abril-mayo, considerado ya el punto más bajo de la actual debacle, donde prácticamente no se produjeron vehículos, debido a que la demanda se vio satisfecha con el uso de inventarios.

Considerando que el peso de la industria automotriz es de alrededor de 4 por ciento del PIB nacional, y que la actividad industrial en su conjunto representa una cuarta parte de la economía, estos datos han sido abismales, sin comparación reciente y con caídas continuas e inusitadas. A comienzos de esta pandemia, una contracción tan profunda como de 9 por ciento en la economía era vista como alejada de la realidad. Sin embargo, hoy es el consenso de los analistas e inclusive algo alentador, según algunas estimaciones.

Aún hay incentivos en el mercado automotor que permitirían una recuperación importante pese a que en el primer semestre de 2020 la contracción vista en la venta de vehículos es la mayor desde los registros del INEGI en 1997 en términos acumulados. Esta caída se mantiene superior a la registrada de 2009, con la crisis financiera mundial.

Precisamente el mes pasado, la Asociación Mexicana de Distribuidores Automotores (AMDA), presentó una mejoría en la proyección de la caída en ventas de vehículos ligeros para este año, con un 26.8 por ciento, partiendo de un estimado anterior de 30 por ciento, con una previsión de comercialización de 964 mil 400 unidades para finales de año.

Sumados los diversos factores como lo son: la contingencia sanitaria, la pérdida de la confianza del consumidor y empresarial con los niveles más bajos desde que se tiene un registro; así como, la pérdida de empleos formales e informales, con lo que el contexto continuará en franco estancamiento, tanto en producción como en ventas de vehículos.

El comportamiento de la industria automotriz, una de las claves de la competencia en el mercado exterior de nuestro país, vislumbra una nueva configuración en la cadena de suministro y de encadenamiento productivo. Por lo menos en el mediano plazo, dichos cambios de paradigmas no se irán, determinando nuevas formas de acercamiento al cliente, utilizando la infraestructura tecnológica existente debido a las nuevas condiciones. La crisis aún se encuentra desenvolviéndose, y en el mediano plazo, las cosas pintan más a complicarse para los diversos sectores, en especial para la industria. Dichos matices, que los efectos del apagón generalizado de la economía traerán una recuperación a tumbos y alargada, debido a que en términos comparativos la pandemia ha propiciado una parálisis en la dinámica de la industria automotriz.

A Detalle

Los datos sobre las ventas de vehículos ligeros muestran una menor caída, reflejando la adaptación paulatina de la industria a la nueva normalidad. Sin embargo, existe un aplanamiento en el crecimiento de las ventas, que muestra el impacto de la caída en la demanda de vehículos ligeros debido al contexto de crisis.

El peso de la industria automotriz sobre el PIB da como resultado que su comportamiento no pueda pasar desapercibido. La producción y exportación se han visto afectadas por el apagón total de la economía, a causa de la contingencia, todos los pronósticos alertan una caída importante este año, y la dinámica anuncia estancamiento.

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